Al comenzar este tema hay que explicar el esquema del proceso de periodismo de investigación que aparece publicado en Periodismo de investigación: técnicas y estrategias, el libro de Pepe Rodríguez y que desarrollamos a continuación con palabras extraídas de esta obra.
Este autor afirma que en la mayoría de las veces el periodista no tiene más punto de partida que un simple rumor o confidencia. Y ese flash básico, en función de sus características y de las posibilidades personales de quien lo recibirá será, por sí mismo, todo cuanto se precisa para desencadenar un proceso de investigación.
Según Pepe Rodríguez, “en primer lugar habrá que analizar el rumor base, diseccionarlo, sazonarlo con la lógica y conocimientos que, hasta ese momento, tenga el periodista y preparar con todo ello un plato fundamental para el futuro: la definición del campo o problema de investigación (para ello, será necesario tener en cuenta los estudios que con anterioridad se hayan realizado sobre el tema y el estado actual de la cuestión). Si se ven posibilidades de investigación al tema en cuestión, deberemos pasar a uno de los aspectos más fáciles de definir y más difíciles de localizar: la búsqueda de documentación y fuentes de información”.
En primer lugar, conviene elaborar una relación inicial de posibles fuentes que sea lo más amplia posible. El pequeño esfuerzo de anotar este listado inicial nos recompensará con creces, ya que siempre relacionaremos muchas más fuentes posibles de las que en un principio habíamos imaginado.
Seguidamente, será muy útil hacer un análisis aproximativo de cada una de las fuentes. Medir posibilidades, relaciones, valor, situación, riesgos, credibilidad, etc., nos permitirá encarar el futuro contacto con muchas garantías de éxito y rentabilidad para nuestro proyecto.
Por último, según Rodríguez, será muy útil estudiar una gradación temporal, es decir, diseñar el modelo que vamos a seguir para establecer un contacto ordenado con las posibles fuentes. Hay ocasiones en las que una posible fuente se nos puede quedar muda tan sólo por el hecho de haber tocado, con anterioridad, a otra fuente de menor importancia, pero relacionada con ella, que la ha puesto sobre aviso.
El proceso descrito hasta aquí nos llevará a averiguar una serie de detalles sobre personas, entidades y hechos. Y ese conjunto de informaciones nos conducirá a la obtención de lo que denominará Pepe Rodríguez una base de datos para la investigación. Llegados a este punto, deberá intentarse obtener una primera confirmación de la validez de las informaciones recogidas y de las fuentes empleadas. Y, por otra parte, será necesario, con los conocimientos adquiridos hasta el momento, realizarse un replanteo de la investigación, de su orientación, límites, posibilidades u otros aspectos.
Seguidamente, si la reflexión hecha es positiva, continuamos con el proceso de investigación habitual y nos dejaremos llevar por la rutina que supone la búsqueda de nuevas fuentes y la preceptiva confirmación de unas informaciones que, de modo progresivo, engrosarán nuestra base de datos hasta plantarnos de nuevo ante la prudente necesidad de volver a reflexionar sobre la marcha del trabajo, y así hasta llegar hasta la elaboración final de la investigación y a su eventual publicación.
Búsqueda de temas de investigación
Dicho todo esto, nos detenemos en la búsqueda de temas de investigación. Lo primero que deberíamos plantearnos aquí es qué factores han influido en la elección de un determinado tema como objeto de investigación, qué ha suscitado nuestro interés, cómo ha surgido nuestra curiosidad por él. En ocasiones, un periodista puede decidirse a investigar un tema por simple curiosidad personal, por la lectura de una noticia que en principio parecía anecdótica pero que despertó su interés por un tema, por la escucha de un rumor, por la observación directa, entre otras posibilidades que enumeramos a continuación:
1) Lectura de medios nacionales/regionales/locales
2) Conocimiento sobre instituciones
3) Lectura de publicación especializadas
4) Investigaciones realizadas por otros
5) “Fuentes susceptibles”
6) Denuncias formuladas por la ciudadanía
7) Continuidad de investigaciones pasadas
8) Situaciones alegales
9) Obras literarias, filmes, documentales, etc.
10) Rumor, confidencias, infidencias, filtraciones
11) Azar
Uno de los campos que más atrae a los periodistas de investigación es el del sector público, el edificio de
Otro gran campo de investigación al que los periodistas se asoman, aunque con menos frecuencia, es el de lo privado. Sin duda, es un ámbito de interés, puesto que de la productividad de las grandes empresas depende en buena medida el Producto Interior Bruto de un país.
Por otra parte, hay una serie de temas que suelen quedar marcados por una “ley del silencio”, temas que tradicionalmente suelen ser desterrados de las agendas mediáticas y que no dejan rastro en los medios, donde no suelen aparecer, episodios de una realidad que se quiere mantener oculta y de los que se informa tan sólo de modo superficial, si es que finalmente llegan a aparecer en los medios. En este grupo de temas tabúes habría que incluir los gastos de
Los reportajes de investigación pueden ser clasificados en tres grandes grupos:
a-. Reportajes históricos. Sus autores echan la vista atrás simplemente para recuperar la memoria sobre algún tema (sin aportar información novedosa sobre ese asunto) o para desvelar aspectos que permanecían ocultos hasta ahora sobre ese hecho. Se suelen basar en reconstrucciones históricas. Según la época a la que se remonte el reportaje, suelen escasear las fuentes vivas, que vivieran personalmente ese hecho, de tal forma que el periodista tiene que apoyarse fundamentalmente en fuentes documentales, en archivos.
Un ejemplo de este tipo de reportajes aparecido en la prensa española de los últimos tiempos es el firmado por Eduardo Martín de Pozuelo a partir de 53 documentos desclasificados que desvelaban contactos secretos entre Hitler y Franco, así como el especial interés que tenía Estados Unidos en que muriese el almirante Luis Carrero Blanco. Son reportajes que pueden consultarse en http://nodo50.org/foroporlamemoria/documentos/documentos_07_2005.htm.
b-. Reportajes históricos con repercusiones en el presente. En ellos, el periodista aprovecha determinados acontecimientos actuales para volver la vista atrás. De esta forma, el tema pasado que se recuerda adquiere más actualidad. Un ejemplo de este tipo de trabajos es el reportaje sobre el campo de concentración en Castuera emitido en el programa Línea 900 en plena polvareda por la aprobación de
c-. Reportajes de actualidad. Los trabajos que abordan temas de actualidad. Un ejemplo: el reportaje titulado “Un grupo de sirios organizó la célula Al Qaeda en España”, firmado por Eduardo Martín de Pozuelo y publicado en
Comentario a un reportaje de El Mundo TV visionado en clase: “El crimen más oculto de ETA”
Este reportaje quedaría agrupado en la segunda de las categorías mencionadas, un reportaje histórico con repercusiones en el presente, puesto que el recuerdo de un triple asesinato de tres ciudadanos gallegos fechado en los años setenta sirve para aterrizar en la situación actual de los supuestos implicados en el caso.
Este reportaje es presentado por sus autores como un trabajo de investigación que ha llevado a cabo una “reconstrucción de acontecimientos históricos”, según afirman los propios periodistas que lo han elaborado. El acontecimiento que se quiere reconstruir, en este caso, es el triple asesinato ya mencionado y que los periodistas atribuyen a la banda terrorista ETA. Nuestra tarea consistirá en demostrar que estamos ante un reportaje de investigación o no.
Los objetivos declarados de este reportaje son dos:
1-. Encontrar los cadáveres de los asesinados, que se encuentran desaparecidos.
2-. Relacionar este asesinato con otros crímenes de
Para lograr sus objetivos, los periodistas han intentado ponerse en contacto con las fuentes implicadas, a las que se las entrevista de forma claramente deficiente, con preguntas simples y poco inteligentes, lo que les impide lograr información de esas fuentes. Se echa en falta una labor de documentación exhaustiva, el contacto con especialistas prestigiosos como politólogos o historiadores. Al final del reportaje nos damos cuenta de que todo se ha basado en una serie de especulaciones que no han podido ser comprobadas, es un castillo fabricado en el aire.
El punto de partida de este reportaje es la información que proporciona un confidente (que es un canal de información restringido, uno de los tres a los que puede recurrir un periodista de investigación, junto al canal público y al privado). El contacto con el confidente se ha convertido en un problema para la investigación, puesto que es él quien lleva en todo momento las riendas de la investigación, y los periodistas bailan al ritmo que éste les marca, hasta tal punto que cuando parece que el confidente no puede aportar más información, los periodistas ponen fin a su investigación y envían el caso a
Al principio del reportaje, se deja claro que se investiga un caso que está envuelto en una ley de silencio, en un muro que parece imposible de traspasar. Entonces, ¿por qué deciden iniciar una investigación, si saben que no van a obtener nada? Ello nos indica que debe de haber una intención oculta que justifica la elaboración de este reportaje, que aparenta ser de investigación, por el uso de cámaras ocultas, el recurso a confidentes y a fuentes expertas.
Para profundizar más en este reportaje, vamos a aplicarle las preguntas que conforman un estudio de viabilidad, un cuestionario que todo periodista debe responder antes de iniciar una investigación.
La primera incógnita que hay que despejar es la potencialidad del tema, es decir, si el tema reúne una serie de requisitos que lo pueden convertir en objeto de una investigación. Para ello, nos hacemos las siguientes preguntas, que aplicamos ahora al reportaje de El Mundo TV:
1-. ¿Es de interés general?
Sí, porque está relacionado con una de las principales preocupaciones de los españoles: el terrorismo.
2-. ¿Es un tema muy tratado? (agotamiento de los temas)
Aunque sobre terrorismo etarra sí se publica bastante información en España, el tema concreto que da pie a este reportaje (el asesinato de los gallegos) no es un asunto conocido para la opinión pública española. Fue un crimen del que se dio información en el momento en que se produjo (como lo corroboran los recortes de prensa de la época que se muestran en el reportaje), pero que cayó en el olvido con posterioridad y hasta que lo rescata El Mundo TV. Por tanto, el tema es valioso por lo que tiene de inédito, de novedoso.
3-. ¿Hay suficiente documentación?
Los periodistas se apoyan en pocos documentos: un papel del Registro de
4-. ¿Hay fuentes orales?
Sí. A lo largo del reportaje se difunden los testimonios de las distintas partes en litigio: los supuestos implicados, los familiares de las víctimas (es decir, afectados), así como fuentes de las llamadas expertas o autorizadas, tales como ex miembros de ETA que en la actualidad se han reinsertado en la sociedad, políticos como Manuel Fraga, Jaime Mayor Oreja, el “reconocido equipo forense de prestigio internacional”. Por tanto, el número de fuentes consultadas por este equipo de investigación es amplio. Ahora bien, cabe preguntarse qué aportan sus declaraciones. A la hora de seleccionar las fuentes no sólo hay que plantearse si van a poder hablar, sino también qué información van a poder aportar, qué calidad tendrán sus testimonios.
En este caso, El Mundo TV parece haber seleccionado las fuentes por el impacto que éstas van a tener en la audiencia más que por la información que éstas pueden aportar. De hecho, la mayoría de las fuentes consultadas se limitan a contar lo que la gente ya sabía, lo que se decía en la calle, lo que ellos intuyen, los rumores que circulaban por ahí. El equipo de forenses, concretamente, se limita a verificar que en el terreno donde supuestamente se levantaba la casa donde se produjo el crimen había habido movimientos de tierra y sólo encuentran restos óseos de animales. No aportan nada nuevo a la investigación.
Así pues, en este caso, ni las fuentes documentales ni las fuentes orales han sido bien seleccionadas.
5-. ¿Existe respaldo?
Resulta evidente que los periodistas que realizan este trabajo cuentan con el respaldo total de su medio de comunicación, es decir, El Mundo, que parece tener un claro interés en que ese tema salga a la luz. En este caso, el medio aporta apoyo material, económico y tecnológico.
6-. ¿Afecta la investigación a los intereses del medio?
Como ya se ha apuntado antes, la investigación afecta a los intereses del medio. No está claro cuál es el interés del medio, pero sí salta a la vista que no es un reportaje honesto porque no dice a las claras cuál es su verdadero objetivo (que pasa por implicar a ETA en el triple asesinato, aunque sea una vinculación que no está probada ni ellos han logrado demostrar en este reportaje). Además, los propios periodistas parecen perseguir con este reportaje cierto prestigio o reconocimiento social, una dosis de fama. Estos fines no son los adecuados en un reportaje de investigación. Se lograrán como consecuencia de haber realizado un buen trabajo, pero no pueden constituirse en objetivos de ninguna investigación.
7-. ¿Será rechazado el trabajo de investigación?
En un primer nivel (es decir, entre la audiencia general, que no es experta en comunicación), no será rechazado. Al contrario, será un reportaje que será asimilado fácilmente puesto que ratifica percepciones que ya circulan entre la opinión pública: a saber, ETA es una banda terrorista de asesinos crueles que usan la violencia por la violencia, sin ninguna otra justificación y que se comporta como una mafia que mata a aquellos miembros que empiecen a disentir de sus actuaciones.
Una vez superada esta primera fase del estudio de viabilidad, encaramos la segunda etapa, diseñada por Paul Williams y que cuenta con los siguientes pasos:
1-. Ideas previas
Los periodistas, antes de investigar, deben sacar a la luz las ideas previas que tengan sobre el tema en el que quieren profundizar, y determinar si son ideas previas consistentes o, por el contrario, se trata de simples prejuicios que carecen de fundamento y que, por tanto, no sirven para iniciar una investigación.
2-. Evaluar consistencia de las pistas (intereses)
Hay que detenerse en pensar a quién le puede interesar nuestra investigación, quién se puede beneficiar de ella. Los intereses que puedan tener determinadas personas en nuestra investigación pueden afectar a la calidad de la misma. Las fuentes que puedan estar interesadas en que un tema se descubra pueden suministrar información manipulada o falseada, lo que nos recuerda la importancia de verificar todos los datos que recibamos, saber calibrar qué importancia tiene la información que nos llega.
3-. Posible historia
A la hora de elaborar nuestro reportaje hay que saber encontrar la historia que encierra y que la puede hacer interesante a cualquier lector. No hay que olvidar que somos periodistas, es decir, que debemos ser capaces de encontrar el lado relevante y noticioso de cada tema, y saber plantearlo y contarlo con una estructura amena y una narración interesante. Si no logramos convertir nuestra historia en atractiva, provocaremos el rechazo en el lector, que no se asomará a nuestro texto por aburrido.
4-. Validez de datos y documentos encontrados
Como hemos comentado anteriormente, hay que calibrar bien la relevancia y veracidad de la información de la que disponen los periodistas, medir con precisión su valor.
5-. Tiempo y recursos
Antes de acometer un reportaje de investigación, el periodista debe plantearse de qué tiempo dispone (que debe ser mucho) y con cuántos recursos puede contar (que han de ser abundantes).
6-. Confianza y profesionalismo
Se trata de tener la convicción de que los periodistas que van a investigar el tema son profesionales que se van a comportar como tales, es decir, que se van a apoyar mutuamente, que no se van a dejar tirados, que no se van a fallar.
7-. Grado de dificultad (vínculos emocionales)
Por último, un periodista de investigación debe plantearse hasta qué punto está dispuesto a renunciar a su vida privada, a su tiempo libre, a favor de su investigación.
La profesora Montserrat Quesada afirma que un periodista, después de construir una idea genérica que quiere investigar (y que puede haber surgido por observaciones personales, fuentes propias, consulta de archivos, determinadas lecturas o grietas informativas), debe plantearse qué escollos u obstáculos puede toparse durante la investigación, si es un tema de interés general, si es posible que salgan a la luz nuevos informes desconocidos por él que echen por tierra su investigación y le obliguen a reiniciarla, qué pasa si el tema se ha planteado mal o si no encontramos fuentes, así como el grado de protección del tema que se quiere investigar. Después de plantearse todas estas preguntas, el periodista decidirá si avanza en su idea de investigar o si abandona su plan.
Una vez iniciado su trabajo de investigación, el periodista debe tener en cuenta que a lo largo del mismo pueden aparecer fuentes importantes que sean reticentes a proporcionar información o pueden surgir nuevos datos que estropeen la perspectiva que había adoptado el periodista. En casos así el periodista puede verse obligado a replantear su problema.
En el reportaje de El Mundo sobre el crimen más oculto de
Documentación
La documentación vertebra todo el proceso de investigación. Antes de elaborar un reportaje de este tipo, los periodistas suelen partir de documentos a los que han accedido de forma intuitiva, antes incluso de formular el problema. En nuestro caso no será necesaria esa primera documentación porque fuimos nosotros los que elegimos el tema de investigación y, por tanto, conocíamos algo del problema. La búsqueda intuitiva no debe hacerse de un modo restrictivo, sino de una forma genérica para adquirir unas nociones de nuestro tema. Esa primera documentación se puede adquirir a través de fuentes orales a las que les pedimos una primera información para que nos oriente en nuestro trabajo. Esa primera toma de contacto no tiene que ver con el segundo nivel de documentación, que es mucho más exhaustivo y que nos sirve para obtener toda la información pertinente. Un buen trabajo documental requiere entre 100 y 150 registros que sirven para reunir toda la información posible y que son necesarios para ganar credibilidad de cara a las fuentes y a los lectores, a los que se les supone un conocimiento previo del tema que se investiga.
La documentación puede venir a través de múltiples vías (primarias, secundarias, obras de referencia, bibliografía, archivos públicos y privados, balances, informes, hemeroteca, publicaciones especializadas, normativa legal; la propia Unión Europea es una fuente documental que aporta grandes cantidades de información…). Un periodista no debe documentarse sólo al principio de su investigación, sino a lo largo de todo el proceso. Hasta el momento de sentarse y ponerse a redactar el reportaje hay que estar documentándose con nuevas fuentes, ya que el objetivo del periodista de investigación es reunir todos los datos posibles.
Formulación del problema
El problema de un reportaje de investigación es una realidad desconocida o conocida de manera distorsionada por ignorancia o porque haya intereses ocultos a los que les conviene que ese problema no sea conocido. En la memoria de nuestro trabajo de investigación debe aparecer consignado en uno o dos párrafos nuestro problema de investigación, es decir, qué es lo que está pasando (y que nosotros sabemos bien porque alguien nos lo ha contado o bien por experiencia propia). Para formular un problema hay que saber dónde está la grieta informativa en el ámbito que estamos estudiando.
Una correcta definición de nuestro problema de investigación nos ayudará de forma decisiva en nuestro trabajo posterior.
El problema de investigación no es un objetivo, no hay que confundirlo. Lo primero es lo que nosotros sabemos que pasa o lo que nos han dicho que pasa, mientras que el objetivo es lo que yo quiero llegar a conocer de ese problema. Los objetivos deben ser claros, concisos y precisos, se pueden formular en una sola línea.
Por otro lado están las intenciones de un trabajo de investigación. Son las repercusiones que puede tener la publicación de nuestro reportaje, los efectos que pueden tener en la ciudadanía. Motivar una investigación judicial o concienciar a la opinión pública pueden ser intenciones de un reportaje de este tipo. En el caso del reportaje de El Mundo TV sobre los crímenes etarras, la intención podía ser, como ya se ha dicho, la de reforzar la imagen negativa de la banda terrorista ETA en un momento en el que al diario El Mundo le interesaba presentar a
Asimismo, hay que reseñar que en nuestra memoria debemos consignar las hipótesis de nuestro trabajo de investigación, que son sugerencias de explicación de la realidad que estamos investigando, afirmaciones, asertos, aseveraciones que creemos que nos van a dar a conocer nuestro problema de investigación, que nos van a permitir lograr nuestros objetivos. Las hipótesis se redactan como afirmaciones y ofrecen una explicación provisional, introducen una coordinación y orientan la elección de datos.
Las hipótesis deben ser conceptualmente claras, hacen referencia a una realidad, a un campo de conocimiento, tienen que ser sencillas, mencionar conceptos que tengan una idea clara. No podemos introducir términos morales en ellas, sino que deben ser específicas y ser operativas.
Las hipótesis pueden ser mucho más precisas y cortas. Por ejemplo, para un trabajo que aborda el comercio ilegal de medicamentos podríamos elaborar cuatro hipótesis como éstas:
1-. Venta fuera de farmacias de medicamentos.
2-. Ausencia de control.
3-. Los comerciantes dan respuesta a una demanda.
4-. Los medicamentos son muy caros y por eso la gente los pide por otros circuitos.
Las fuentes
La labor documental hay que complementarla con la información que nos proporcionen fuentes orales que además orientarán la labor del periodista. Es necesario incluir testimonios en un reportaje de investigación para darle viveza y agilidad al mismo. Hay que distinguir entre fuentes y productores de información. Las primeras son aquellas personas que voluntariamente proporcionan información sin ánimo de lucro, mientras que productores de información son quienes se dedican profesionalmente a proporcionar información (por ejemplo, gabinetes de prensa, portavoces de una institución).
Las fuentes de información pueden dividirse según varios criterios:
1-. Según el soporte de la información:
1.1-. Fuentes orales
1.2-. Fuentes documentales.
2-. Según el agente emisor:
2.1-. Fuentes individuales
2.2-. Fuentes grupales
2.3-. Fuentes privadas
2.4-. Fuentes institucionales (por ejemplo, el Decanato de
3-. Según la secuencia temporal:
3.1-. Fuentes asiduas
3.2-. Fuentes ocasionales.
Las primeras suministran información de forma continuada al periodista, con el que mantienen una relación de confianza y familiaridad, aunque ese tipo de vínculos no sean convenientes porque pueden determinar que el periodista no verifique las informaciones que provengan de ese tipo de fuentes.
Por su parte, las fuentes ocasionales entran en contacto con el periodista al que proporcionan información de forma puntual. Por ejemplo, un informante sería una fuente asidua, mientras que un confidente sería una fuente ocasional.
4-. Según el contenido informativo:
4.1-. Fuentes de carácter general
4.2-. Fuentes de carácter específico.
Las primeras (que son aquellas que nos pueden hablar de cualquier tema, por ejemplo, un agente de
5-. Según la relación con la investigación:
5.1-. Fuentes implicadas o relacionadas directamente con la investigación. Participan en el acontecimiento que estudiamos. Dentro de ellas habrá que distinguir a las fuentes afectadas (aquellas que reciben las consecuencias positivas o negativas de lo sucedido; por ejemplo, un trabajador de Delphi que haya sido despedido), fuentes protagonistas (
5.2-. Fuentes ajenas a la investigación o fuentes técnicas. Se mantienen al margen del acontecimiento informativo, pero por su condición profesional nos pueden explicar lo que está sucediendo sin estar atados a vínculos emocionales. Su presencia tiende a aumentar la credibilidad de un reportaje de investigación.
6-. Según el modo de citación o la manera como aparecen reflejadas en nuestro reportaje:
6.1-. On the record: Es el modo más sencillo: directamente se atribuye una información a una fuente, la cual habla en función de su cargo oficial.
6.2-. Off the record: La fuente habla a título individual, refleja su opinión. El periodista no puede atribuirle directamente esa información a esa fuente. Debido a esa peculiaridad, la credibilidad del reportaje que contenga esas atribuciones se resiente.
6.3-. On background: El periodista hace referencia a una información y se la atribuye a un colectivo profesional. Por ejemplo: fuentes policiales, universitarias, médicas, sindicales, entre otras.
6.4-. On deep background: Es el modo de atribución que se usa para referirse a “fuentes conocedoras del tema” o “fuentes bien informadas”. Cuanto más aparezcan estas citaciones, menos credibilidad va a tener nuestro reportaje.
A este respecto podemos encontrar dos posiciones distintas. Por un lado, hay quienes se ponen del lado de los lectores y critican que se deje en el anonimato a una fuente porque consideran que así se les engaña y manipula, se le priva de la posibilidad de contrastar la información.
Por otro lado, hay quienes defienden este modelo de atribución de información al ponerse de lado de los periodistas y entienden que si a las fuentes no se les ofreciera esa posibilidad muchos temas de investigación no saldrían a la luz. Además, porque así se protege la integridad física de las fuentes.
El secreto profesional
Con el secreto profesional, el periodista gana credibilidad y confianza de cara a las fuentes, pero no de cara a los lectores. El secreto profesional es un deber ético del periodista para con sus fuentes. Los que argumentan a favor del secreto profesional argumentan que si éste no existiera, el profesional de la información podría tener muchos problemas a la hora de conseguir fuentes, además de que podría perder las ya existentes, que no querrían hablar si no tuvieran la garantía de que la identidad de sus palabras iba a quedar oculta bajo el anonimato. Además, dicen que si otras profesiones con función social tienen reconocido el secreto profesional, ¿por qué no lo va a tener el periodismo?, se preguntan. Asimismo, entienden que si el periodista, gracias a una buena labor, ha encontrado una información, ésta puede estar también al alcance de quienes pueden presionar el trabajo periodístico; por ejemplo, los jueces, quienes también podrán conseguir esa información si investigan bien. La pregunta de quienes piensan así sería: si el periodista ha logrado obtener una información, ¿por qué no puede obtenerla el juez por sus propios medios, sin necesidad de forzar al periodista a que revele su fuente?
Por otro lado, hay que preguntarse si el secreto profesional tiene ciertas limitaciones. El código de
Podemos recordar en este punto algunos casos concretos de periodistas que han atravesado por dificultades al tratar de mantener el secreto profesional. Uno de ellos es el de Javier Vinader, periodista de la revista Interviú que fue condenado en noviembre de 1981 por
En este caso, el periodista se limitó a investigar y recoger datos, sin cometer ningún delito para ello. Ahora bien, con la publicación de los mismos sí pudo cometer un delito, y así lo entendió
En el caso Vinader, por tanto, el delito está en la publicación de la información por negligencia profesional porque el periodista debería haber previsto las consecuencias que esa publicación podía tener para los ultraderechistas que mencionaba en el artículo.
Otro caso sería el protagonizado por Antonio López Hidalgo y Juan Emilio Ballesteros, que publicaron en 1990 un libro con el título El Sindicato Clandestino de
Un tercer caso que la profesora Lorena Romero saca a colación es el conocido como “caso del Ántrax”. Éste surgió cuando un periodista del New York Times, Nicholas Kristof, publicó una serie de artículos sobre cinco atentados realizados en Estados Unidos con paquetes bomba con ántrax que causaron cinco muertos en 2001. En dichos textos, el periodista se amparaba en fuentes confidenciales del FBI para citar a un antiguo científico del ejército estadounidense, Stephen Hatfill, físico y experto en bioterrorismo, del que se decía que era una de las pocas personas que podían tener acceso al ántrax y sabían utilizarlo. Dicho científico denunció entonces al periódico por difamación, al entender que con esas alusiones el diario lo había implicado en esos atentados. La denuncia pasó por diversos tribunales y en ningún momento el periodista desveló sus fuentes informativas confidenciales amparándose en el secreto profesional. Finalmente, un juez federal de Virginia condenó al New York Times por difamación, aunque le dispensó de tener que pagar una multa.
El cuarto caso en el que nos detenemos es el llamado “Plamegate”. Todo comenzó cuando Joseph Wilson, a la sazón embajador de Estados Unidos en Irak, escribió en 2003 un artículo de opinión en el New York Times en el que acusaba al presidente George Bush de distorsionar datos de inteligencia sobre Irak para justificar su operación militar en aquel país. Dicho artículo se titulaba “Lo que no encontré en África”, y venía precedido de un viaje que el propio Wilson había realizado por encargo de
El caso dio un giro cuando salió publicado en la prensa el nombre de Valerie Plame, esposa del diplomático Wilson y también se dio a conocer que era agente y espía de
La profesora Lorena Romero pide que no usemos el secreto profesional como una patente de corso. Es un recurso fácil para obtener información de una fuente, pero ese trabajo debería seguir estos pasos, descritos en Periodismo de investigación: técnicas y estrategias, obra de Pepe Rodríguez:
Búsqueda de fuentes. Estrategia del contacto
El primer paso a seguir es la elaboración de un listado o relación de todas las fuentes que creemos que nos podrían servir para nuestra investigación. En nuestro caso, debemos atender también a las fuentes menores que nos pueden ofrecer información interesante aunque no ocupen grandes puestos de responsabilidad, o precisamente por esa razón. A priori no debemos descartar ninguna fuente, el listado debe ser lo más amplio y exhaustivo posible, y en él hay que anotar cualquier tipo de implicación que el periodista piensa que ésta tiene con lo que está investigando y cuándo podría ser un buen momento para hablar con ella, qué es lo que ésta podría decirnos y por qué es interesante contactar con ella. Lógicamente, ese primer listado se irá ampliando a medida que se avance en el proceso de investigación, y siempre, las primeras fuentes abordadas nos conducirán a unas segundas, éstas a unas terceras y así sucesivamente hasta lograr nuestros objetivos de investigación.
En segundo lugar, Pepe Rodríguez aconseja analizar las características (tanto informativas como humanas) de las fuentes estudiadas. Así sabremos qué saben y, por tanto, qué nos podrían contar si las abordamos adecuadamente, y cómo son. Si no puede llegar a conocerse con anterioridad datos relevantes de alguna fuente, habrá que improvisar en el primer contacto, donde se intentará establecer un hilo de confianza.
A continuación, emprenderemos el estudio de una gradación temporal para el contacto con las diversas fuentes que se ajuste a las necesidades de nuestro trabajo y a los datos que conocemos de ellas. Para realizar esta gradación temporal podemos manejar dos conceptos complementarios: la información que suponemos que saben y la relación que suponemos que tienen con el hecho investigado. Antes de abordar a la primera fuente debemos habernos documentado lo máximo posible sobre el hecho investigado. Una norma generalizable es la de abordar a las fuentes en una progresión que vaya de menor a mayor capacidad y/o importancia informativa. Con ello se logra ir ampliando paulatinamente los conocimientos que el periodista tiene del hecho y, al saber más, podrá sacarle mucho más jugo a la siguiente fuente que aborde.
Otra norma bastante generalizable es la de abordar las fuentes en la siguiente gradación progresiva: primero fuentes desfavorables, luego técnicas y neutrales y, finalmente, las favorables. Eso permite tener el marco crítico de las fuentes desfavorables que, de ser acertado, marcará en buena medida el interés noticiable. Posteriormente se pasan esos datos por el filtro de los técnicos que, a su vez, darán argumentos para aquilatar a los desfavorables y para contrastar con los neutrales. Toda esta información, seguidamente, será el yunque sobre el que se trabajará con los datos procedentes de las fuentes favorables. Por último, conviene dejar a las fuentes implicadas para la última fase de nuestro trabajo para evitar que éstas obstaculicen la labor del periodista una vez que se saben objetivos de una investigación. En la memoria de nuestro trabajo debemos explicar por qué contactamos con una fuente al principio o al final.
La relación de fuentes, el análisis de las mismas y la gradación temporal ayudarán a diseñar una estrategia de contacto informativo. Para ello es necesario valorar la credibilidad de la fuente a la que vamos a acudir y de la propia información que ésta suministra.
Pepe Rodríguez menciona el sentido común y el trabajo metódico como dos elementos que ayudan al periodista a saber si una información es, cuanto menos, razonable y real. Por ejemplo, un periodista puede calibrar la veracidad de una información acudiendo a fuentes técnicas o a algún especialista concreto del ámbito que se investiga.
Por otro lado, la valoración de la credibilidad de una fuente es un proceso mucho más complicado. Hay que recordar que hasta la fuente más fiable puede engañar alguna vez, pero ¿cómo puede darse cuenta de ello el periodista? A falta de dotes adivinatorias, dice Rodríguez, bueno será echar mano de las dotes de observación y de la capacidad de sondear en los ambientes por donde la fuente en cuestión se mueve. Uno de los posibles sistemas para detectar el grado de credibilidad o sinceridad de una fuente es tenderle diversas trampas, preparadas de antemano, durante una conversación formal o informal. Para ello es preciso conocer previamente algunos datos íntimos de la fuente y/o tener preparada una o varias informaciones discretamente falsas que se le someten a una confirmación. Otro posible sistema es repetir en el transcurso de una entrevista larga datos notablemente variados, informaciones dadas por la fuente en algún momento o encuentro anterior y pedirle su confirmación. Una fuente que no sea demasiado escrupulosa con la realidad muchas veces no reparará en la treta y nos confirmará hechos incompatibles entre sí. Cuando esto ocurra, naturalmente, la fuente en cuestión pasará a merecer una credibilidad más que relativa. Sin duda, si el periodista se ha documentado, tendrá más posibilidades de saber si lo que nos está contando la fuente es verdad y de detectar sus puntos “ciegos”.
Una vez realizada la primera valoración de la credibilidad de la información recibida y de las fuentes que la transmiten, debe iniciarse el análisis de contextos, que será triple, pues se analiza el contexto social (el espacio en el que se inserta el acontecimiento y el papel que desempeña la fuente en el espacio en el que éste se desarrolla), temporal (saber qué ha pasado desde que se produce el acontecimiento hasta que el periodista lo cuenta) y humano (quién es nuestra fuente, cuál ha sido su formación; si es un profesor universitario de
El primero de ellos servirá para calibrar el interés de una noticia, o dicho de otra manera, determinará el carácter noticioso de un hecho. Una información no es considerada noticia si no le interesa a nadie, y ese interés viene definido en gran medida por el contexto social, por el dónde ocurre el hecho que nos ocupa. Un fraude o una estafa tienen muy distinta consideración noticiosa en función del monto económico y del número de afectados, pero también la tiene en función del momento que viva la opinión pública. De esta forma, la prensa protagoniza rachas informativas sobre determinados temas coincidiendo con el contexto caliente que ha abierto previamente algún asunto o acción político-administrativa que se le relacione, pero puede condenar a la papelera o a algún flash de cinco líneas a los hechos parecidos que puedan suceder cuando el contexto ya se ha enfriado o aún no se ha calentado.
Por otra parte, el contexto social puede determinar la información que suministre una fuente, que ésta, por pertenecer a un grupo concreto tenga un pronunciamiento especial y diferente del que tiene ella como persona individual. Así, por ejemplo, la profesora Lorena Romero puede tener una opinión particular sobre un tema, distinta de la que tendría si habla como representante de un grupo de profesores.
El contexto humano sirve para que un periodista pueda enjuiciar y tratar las informaciones que revele la fuente en cuestión. Así, habrá de tratarse de un modo especial aquella información que pueda proporcionar una fuente que está inmersa en alguna situación de anormalidad (por ejemplo, ha sido recientemente despedido y está pasando un mal momento económico), ya que entonces es factible que sus informaciones sean interesadas (en busca de algún provecho económico o revancha personal o profesional) y, por ello, demasiado tendenciosas o precipitadas. También conviene conocer el perfil de las personas implicadas en una investigación porque es un dato que puede conferirle una importancia mayor al asunto que se estudia. Pepe Rodríguez recuerda que muchas veces, la implicación de un personaje notorio en un hecho le hace cobrar a éste una importancia que de otra forma no alcanzaría jamás.
En tercer lugar, el periodista debe analizar el contexto temporal del hecho que investiga, es decir, cuándo sucedió el acontecimiento y cuándo se lo han comunicado. Fechar un hecho es contextualizar su posible importancia noticiable. No es lo mismo, por poner un ejemplo, hablar de cien muertos en carretera en una semana de febrero que hacerlo con respecto a las vacaciones de Semana Santa. Mientras en el segundo caso se dan unos componentes sociológicos que pueden justificar tal desastre, en el primero no es así, y deberían buscarse responsabilidades allá donde estuviesen (mal estado del firme, carencias en la señalización o en el control del tráfico, o tiempo especialmente desapacible, por ejemplo).
Por otra parte, fechar el momento en que una información se filtra es contextualizar las intenciones y necesidades de quien lo hace. Por ejemplo, las épocas electorales son especialmente sensibles a las filtraciones “oportunas”.
Así pues, para sintetizar, el análisis del contexto temporal indicará no sólo los posibles intereses (y por ello la relativa credibilidad) que subyacen detrás de cualquier información, también mostrará el valor que tendrá, según su oportunidad temporal, la información que llegue hasta el periodista.
Por otro lado, el periodista, a la hora de abordar el contexto temporal, podrá averiguar si durante el tiempo que ha durado la investigación una fuente ha cambiado su posicionamiento en el asunto (de testigo a implicado, por ejemplo).
Tanto la valoración de la credibilidad como el análisis del contexto servirán para diseñar la estrategia de calidad informativa de la que habla Pepe Rodríguez.
El coste de la información
Pepe Rodríguez recuerda que para obtener algunos datos, especialmente si son de calidad, el periodista tendrá que pagar siempre algún tipo de precio. Hablamos, por tanto, del coste de la información, que puede ser económico, instrumental y añadido.
El coste más conocido dentro del periodismo de investigación es el valor económico. Es el dinero que hay que pagar por acceder a algún tipo de información. Este pago puede segmentarse en tres apartados diferentes, aunque muchas veces complementarios, como son: el coste debido a los gastos de trabajo (desplazamientos, dietas, comunicaciones, etc.), los costes originados en sobornos y propinas, y los costes derivados de la compra de documentos o paquetes documentales más o menos elaborados.
El valor instrumental es definido por Pepe Rodríguez como aquella parcela de prestigio, autonomía o instrumentalización en general (dejarse utilizar en beneficio de los intereses de una fuente) que un periodista está dispuesto a arriesgar con tal de lograr la colaboración informativa de la fuente interesada. Un ejemplo que se puede leer en Periodismo de investigación: técnicas y estrategias: A un periodista, en vísperas de una campaña electoral le llega una información cierta e importante que puede desprestigiar al partido rival. Ante eso puede reaccionar de tres formas: si no la publica, está ocultando información sustancial a la sociedad. Si la publica, se convierte en directo instrumento de ataque de un grupo contra otro. Si intenta retrasar la publicación para realizarla en un tiempo neutral, de modo que el previsible desprestigio no pueda traducirse en pérdida de votos inmediatos, es seguro que perderá una baza profesional. La elección es difícil, pero sea cual sea la elección de cada cual, ésta siempre será defendible, sólo que si el periodista decide dejarse instrumentalizar para anotarse un tanto profesional debe tener presente que está pagando un alto precio por ello.
Finalmente, el coste añadido es toda carga de cualquier tipo que pueda lastrar el proceso de trabajo del periodista. Se incluyen aquí intangibles como el riesgo que puede correr el periodista al realizar una determinada investigación, el tiempo de dedicación que puede demandar el realizarla, las renuncias personales que deberán aceptarse para llevar adelante el trabajo, los problemas profesionales que puedan derivarse del proceso de investigación o los problemas jurídicos que puedan seguir a su publicación.
Los problemas de/con las fuentes
Las fuentes pueden plantear problemas a los periodistas a la hora de dar información. Entre ellos podríamos citar la familiaridad con las mismas, que puede llevar al periodista a una relajación nada aconsejable porque se acostumbrará a dar por válidas las informaciones de esa fuente en concreto con la que se mantiene tanta confianza. Asimismo, los intereses de las fuentes pueden contaminar la información que éstas transmitan, sin olvidar que otras fuentes pueden mostrar reticencia u hostilidad a la hora de dar información. En este sentido, Javier Chicote distingue entre fuentes voluntarias (colaboran más o menos desinteresadamente) e involuntarias. Ante fuentes claves que no nos quieren hablar no debemos recurrir a engaños que no debemos frecuentar por ser contrarios a la ética. Consistirían, por ejemplo, en ocultar nuestra condición de periodista porque de otro modo podemos lograr que nos hable cosas que de otra manera no nos habrían dicho.
En cuanto al empleo de la cámara oculta, hay que mencionar la sentencia del Tribunal Supremo de
La profesora Romero afirma que el periodista no debe mentir a la fuente acerca de su identidad porque en ese caso está poniendo a ésta en una posición de desventaja o inferioridad respecto al periodista. En esos casos, las fuentes se comportan con una naturalidad que en otro caso no tendrían. La profesora comprendería el uso de esos mecanismos cuando esas grabaciones formen parte exigua de un proceso de investigación: constituyen un dato más, una pista más que nos abrirá otra vía de investigación y además esa grabación no se va a difundir y no es el fin último de un trabajo periodístico. En la misma línea se manifiesta el presidente de
Asimismo, Horacio Bilbao recordaba en un artículo publicado en el portal del diario Clarín y titulado “La cámara oculta, ¿aliada o verdugo del periodismo?” el principal inconveniente del uso de este medio de captación de imágenes y es que se convierte en “un recurso fácil para la investigación, disminuyendo la creatividad del periodista que, confiado en lo mecánico (la cámara) pierde de vista fuentes o informaciones clave”.
La profesora Teresa Mercado, en un artículo titulado “El infoshow con cámara oculta: ¿investigación periodística o espectáculo?”, afirma que en la actualidad el uso de la cámara oculta está al servicio del espectáculo y no de la información, puesto que no se hace con fines periodísticos, sino con criterios distintos, como recurso fácil (especialmente útil ante la rutina diaria) que proporciona abundantes contenidos morbosos que luego se emiten en ese tipo de programas y que garantizan altos índices de audiencia. Tenemos que tener claro que el uso de estos medios acarrea una serie de problemas. Cada medio se agarrará a lo que se considera interés público (al no haber una única definición) para justificar su actuación.
Ante la cámara oculta, no obstante, no hay unanimidad entre los relacionados con el mundo de la comunicación. Así, coexisten defensores de los códigos deontológicos, que rechazan estos instrumentos, junto a periodistas en ejercicio que sí suelen apoyar el uso de este tipo de aparatos.
La cámara oculta es usada en dos reportajes de El Mundo TV visionados en clase. Uno trata sobre la cienciología y otro sobre la organización llamada “Los ángeles de Rael”. En ambos casos muestran asociaciones que podríamos considerar como cercanas a las sectas o directamente, ejemplos de ellas. Son dos documentos elaborados por el mismo equipo que realizó el reportaje sobre “los crímenes más ocultos de ETA”.
En el caso del reportaje de la cienciología, la periodista se inscribe en esta iglesia después de pasearse por los alrededores de su sede en Madrid y esperar a que uno de sus miembros se acercara a ella para hacerle un cuestionario necesario para su ingreso. Al margen de los testimonios que se toman con la cámara oculta, hay otras fuentes que hablan a cara descubierta. Son los casos de los psiquiatras José Cabrera y Javier de las Heras, así como de un miembro de
Por otra parte, la técnica empleada por la periodista que protagoniza el reportaje sobre los raelianos es similar. También en esta ocasión decide infiltrarse en la sociedad mediante su inscripción en unos cursos para analizarla. En ese reportaje, las fuentes citadas consultadas son el representante del movimiento raeliano en España (Agustín Felipe), así como la presidenta de Clonaid, empresa que investiga sobre la clonación y que colabora con los raelianos.
Ambos reportajes recurren a varios métodos de investigación ya conocidos: la ocultación de la condición de periodista, el uso de la cámara oculta y la infiltración. Ahora bien, la profesora Lorena Romero no cree que estas piezas sean ejemplos de Periodismo de Investigación, a pesar de que sus creadores lo presenten así. Pero es que, según esta profesora, una cosa es lo que dicen que hacen y otra lo que realmente hacen. Hay que plantearse hasta qué punto es lícito el empleo de la cámara oculta en este reportaje y qué aporta este instrumento.
Para que pudieran ser considerados reportajes de investigación, a ambos documentos le faltan un mayor número de fuentes, unos objetivos claros, y haber elaborado una radiografía de las sectas más amplia. Además, uno de los rasgos definitorios del Periodismo de Investigación es que contribuye a mejorar la sociedad. Sin embargo, este reportaje no lo hace. Tampoco puede considerarse como un método de investigación la infiltración que hace la periodista, porque ésta sólo se produce por su apariencia física, que atrae a las personas encargadas de darle de alta en las dos sociedades estudiadas. No necesita hacer nada más.
Un periodista de referencia en el mundo que sí ha practicado auténticas infiltraciones en su quehacer diario es el alemán Günter Wallraff, que se hizo pasar por un trabajador turco para escribir su obra más conocida y polémica, Cabeza de turco, a mediados de los años ochenta. Este libro sirvió para denunciar las duras condiciones de vida que tenían que sufrir los inmigrantes turcos en la industria alemana. “Primero trabajó como dependiente en un McDonald's, después como cobaya en un laboratorio farmacéutico, limpiador de una central nuclear, deshollinador de altos hornos en la empresa Thyssen... Tenía que trabajar, a veces, 24 horas seguidas, sin casco ni protección, por un salario de miseria, y aguantar, como prima, las bromas racistas de los obreros alemanes”. Así se puede leer en una noticia publicada en el diario El Mundo el 1 de septiembre de 1998, titulada “Günter Wallraff: confesiones de una máscara”.
Ahora bien, la profesora Romero cree que el principal problema de los reportajes de Günter Wallraff, gran experto en la técnica de la infiltración, es su parcialidad y sesgo ideológico, ya que tiene una orientación ideológica muy fuerte (la del bloque comunista de
Antonio Salas es otro periodista que realiza una labor de infiltración muy destacada, aunque después lo que consiga no tenga tanta relevancia como en ocasiones anuncia.
Por tanto, y para concluir este apartado dedicado a las fuentes y a los modos de acercamiento a éstas desarrollados por los periodistas, podemos citar seis problemas de las fuentes y de la relación que el periodista establece con ellas:
1-. Intereses. Los intereses de las fuentes pueden contaminar la información que éstas ofrezcan.
2-. Acercamiento. Ya se han comentado las estrategias de contacto con las fuentes descritas por Pepe Rodríguez.
3-. Familiaridad. Una excesiva familiaridad con las fuentes es poco recomendable, puesto que puede provocar un relajamiento en el periodista, que dejará de contrastar las informaciones que éstas le aporten.
4-. Respeto. El periodista debe ampararse en el secreto profesional para no desvelar la identidad de sus fuentes, respetando el deseo de éstas cuando así lo soliciten.
5-. Verificaciones. Siempre son necesarias en el Periodismo de Investigación.
6-. Reticencia y hostilidades. Algunas fuentes pueden mostrarse reacias, cuando no directamente hostiles, a la hora de aportar información.
La película El síndrome de China muestra un ejemplo de relación entre un periodista, encuadrado en un equipo de investigación, y sus fuentes. En este caso, es la reportera quien aborda a la fuente principal, al personaje clave en la investigación (un técnico de una central nuclear). En el filme, se relatan las técnicas que usa el periodista para entrar en contacto con la fuente y se narra el cambio que se opera en la mentalidad de la fuente (el técnico de la central nuclear), que se da cuenta de que algo ha sucedido en el episodio de la cabina de seguridad. La fuente implicada empieza a advertir ciertos fallos en los informes, y determinados detalles sospechosos en la actitud de sus jefes, que motivan un cambio de actitud en él. Pasa de ser fuente implicada a fuente afectada: sus jefes comienzan a hacerle un vacío laboral y le “invitan” a marcharse de la central nuclear.
José María Caminos Marcet enumera una serie de conceptos fundamentales que deben sustentar la relación entre los periodistas y sus fuentes; serían soluciones que este autor propone para solucionar los problemas que los periodistas se encuentran cuando entran en contacto con sus fuentes:
1-. Confianza (que vendrá a partir de un conocimiento previo).
2-. Corrección
3-. Respeto. El periodista no es nadie para juzgar moralmente a la fuente. Si lo hace, como existe una relación intencional e interesada con la fuente, ésta también podrá hacerlo con el periodista.
4-. Habilidad a la hora de presionar a la fuente.
5-. Persistencia
6-. Independencia. Es el valor más difícil de mantener.
7-. Distanciamiento. La amistad puede hacer que el periodista se desvíe de su objetivo. Aunque una fuente sea muy conocida por parte del periodista, también hay que someterla a una verificación.
8-. Privacidad. Las fuentes pueden solicitar pactos de silencio con los periodistas. Esto se ve también en la película El síndrome de China. Alguna fuente acepta colaborar si su nombre no sale en el reportaje. En casos como éste u otros como el Plamegate, la privacidad responde a una necesidad también pragmática, el periodista tendrá que respetar este principio para no perder el contacto con la fuente de por vida.
9-. Cuidar las entrevistas. La periodista que protagoniza El Síndrome de China hace todo lo contrario en la primera secuencia de la película. En ella, la reportera realiza acusaciones a sus fuentes, con lo que crea desde el principio una situación de desconfianza con ellas.
10-. Calidad.
11-. Mantener contactos (es decir, conviene mimar a la fuente). Es necesario estar siempre en contacto con la fuente aunque el periodista no tenga nada que decirle en ese momento. Es una forma de demostrar que el profesional de la información no la ha utilizado simplemente en beneficio propio en un momento puntual.
12-. Cuidar a las fuentes expertas.
Por último, concluimos este tema citando las últimas fases del Periodismo de Investigación. Una de ellas sería el análisis y la validación de los datos obtenidos. Para ello es conveniente entrevistarse con los principales implicados. Sin embargo, muchas veces se olvida hablar con la fuente implicada porque se piensa que de por sí esa fuente es “mala” y no tiene derecho a expresarse. Es una actitud errónea: la fuente implicada tiene que hablar siempre, nos guste lo que diga o no. Si no aparece nos falta uno de los focos de atención de la investigación.
Por último, hay que llevar a cabo una evaluación final de la investigación, en la que hay que preguntarse quién sale perjudicado y a quién se beneficia con la investigación. En el auténtico Periodismo de Investigación, los beneficiarios pueden ser el lector, la audiencia, la sociedad, pero no deben ser ni el periodista que la ha llevado a cabo, ni el medio que la publica. Es el paso previo a la publicación de la información.
No hay comentarios:
Publicar un comentario