Aunque hay algunos autores, como María Pilar Diezhadinho, que dicen que todo periodismo es periodismo de investigación porque si no, no podemos hablar de auténtico periodismo, realmente no encontramos Periodismo de Investigación desde los orígenes de la prensa, sino a partir del siglo XIX. Esto es así porque a partir de esta época quienes escribían en periódicos empiezan a dejar de lado la doctrina y la propaganda a favor de los relatos.
Entre los precursores del Periodismo de Investigación a finales del siglo XIX habría que citar a Émile Zola y a Nellie Bly. El primero narra, con todo detalle, en su obra Germinal la vida de los obreros de las cuencas mineras del norte de Francia. Claramente estamos ante un primer paso del Periodismo de Investigación. En primer lugar, porque hay una documentación detrás para conocer una realidad nueva; en segundo lugar, porque mira a un lado de la realidad que permanecía oculta o ajena, que no se quería ver o escuchar en la sociedad de la época, que resultaba desagradable.
Por su parte, la estadounidense Nellie Bly fue otra de las primeras exponentes del Periodismo de Investigación. En sus artículos y reportajes empieza a ofrecer visiones de la vida hasta entonces desconocidas, cuestiones que no habían sido tratadas hasta ese momento, partiendo del supuesto de que determinados aspectos de la realidad no funcionaban correctamente; así, por ejemplo, se detiene en analizar las vicisitudes a las que tenían que enfrentarse las mujeres que se quedaban viudas en esa época. También quiso dar una vuelta al mundo en menos tiempo de lo que se había hecho antes. Sus trabajos periodísticos no sentaron muy bien a la sociedad de entonces y provocaron que sus jefes quisieran que moderara su discurso y se enclaustrara en temas de carácter social y más femenino. Pero Nellie Bly no estaba por la labor de renunciar a ese tipo de periodismo que ella estaba practicando y por eso se traslada a Nueva York y entra en el periódico New York World, donde puede desarrollar su trabajo tal como lo venía haciendo hasta ese momento. En este periódico lleva a la práctica la técnica de la infiltración como mecanismo para escribir un reportaje. Ante la imposibilidad de obtener información, se infiltra en círculos donde se producen los problemas que llamaban su atención para constatar lo que ocurría. Así, para conocer cómo es tratada una mujer cuando es detenida por la Policía en el siglo XIX, si padece abusos sexuales en comisaría. Para ello, cometió diversos robos para forzar su propia detención y así tener un conocimiento de primera mano del tema de su reportaje. Escribe unas piezas informativas bastante críticas relacionadas sobre todo con aspectos espinosos relacionados con la mujer. Su obra cumbre, publicada en su etapa en el New York World, es Diez días en una casa de locos
(“Ten Days in a Mad House” es su título original). Para escribir este reportaje, estuvo diez días en una institución psiquiátrica en la que vivían enfermos mentales que no recibían un tratamiento adecuado; especialmente significativo era el caso de las mujeres, que no estaban bien atendidas. Para ser internada en ese sanatorio mental simuló en la calle varios ataques de histeria para parecer que sufría desequilibrios psicológicos.
En suma, a Nellie Bly, como deben hacer los periodistas que investigan, le llaman la atención las grietas del sistema. También estudió en otro reportaje si la obrera es tratada igual que el obrero (en materia de salario y de condiciones laborales) en las fábricas de la época.
El siglo XX: los muckrakers
La primera corriente de periodistas que van a desarrollar al completo características propias del posterior Periodismo de Investigación son los “muckrakers”, palabra inglesa que podría traducirse por “buscadores de basura”. Michael Johnson, en su obra El nuevo periodismo, reflexiona sobre estas figuras. “Muckrakers es el nombre con el que se conoce al grupo de periodistas y escritores norteamericanos que, a comienzos del siglo XX, se dedicaron a denunciar públicamente la corrupción política, la explotación laboral y una serie de abusos, inmoralidades y trapos sucios de personajes e instituciones de la época”.
Estos periodistas comenzaron a surgir en la época en la que Estados Unidos empezaba a convertirse en una gran potencia industrial, lo que la convertía en un foco de atracción de miles de inmigrantes, que fueron acogidos por el país americano. Los inmigrantes constituían una población con pocos recursos económicos, y tras su llegada aumentó la delincuencia. Estos periodistas (los muckrakers) sacaron a la palestra lo más sórdido de la sociedad, lo más miserable, las condiciones de vida de los más desfavorecidos de la sociedad, unas condiciones que contraponían con las de los más poderosos. A pesar de las condiciones negativas que afectaban al periodismo de la época (entre las que hay que citar el alto analfabetismo entre la sociedad, que limitó la repercusión de sus trabajos), los muckrakers consiguieron introducir algo de temor en las clases dirigentes. Querían hacerle ver a la gente de a pie que las grandes familias, las poderosas también tenían cosas de qué avergonzarse.
Algunos de los periodistas más conocidos por practicar este tipo de periodismo fueron éstos:
1-. Lincoln Steffens, que se detuvo en analizar la corrupción en las grandes ciudades en trabajos como “The schame of the cities”.
2-. Upton Sinclair, en su trabajo “The Jungle”, denunció las malas condiciones de higiene que se daban en las distribuidoras cárnicas de Chicago, y lo hizo a través de un
inmigrante ruso. Este periodista incluso pensó en la ideología bolchevique como una posible solución a los problemas del sistema.
3-. Ida Tarbell publicó en McClure´s Magazine un reportaje sobre la Estándar Oil Rockefeller.
4-. Thomas Lawson analizó la trastienda de los hombres que controlan Wall Street en la publicación Everybody´s Magazine.
5-. Graham Phillips se detuvo en la corrupción que protagonizaban los senadores estadounidenses en su reportaje “The treasure of the Senate”.
En general, todas estas obras, por su propia temática, no fueron muy bien recibidas. Eran exponentes de un periodismo que se caracteriza por mostrar la “cara B” de la realidad.
A partir de 1912-1915, por las presiones que reciben estos periodistas se va a producir un gran silencio informativo y va a desaparecer ese periodismo, con una honrosa excepción: la revista Time, nacida en 1923, que aunque no hace una crítica tan dura y frontal, va a tratar de mantener en su trabajo una dinámica propia del Periodismo de Investigación, donde la buena documentación es básica para contextualizar los datos. Esta publicación será el único bastión al que se aferra un periodismo de más profundidad, al que se aferra el Periodismo de Investigación.
Años 60: el Nuevo Periodismo
En los años sesenta, sobre todo a partir del hito de mayo del 68, aparece una corriente de nuevos periodistas que recogieron en buena medida la herencia de los de la década de los veinte. Son periodistas que desconfían de las fuentes oficiales de poder, a ellos no les interesa lo que siempre se ha venido contando, lo que ya se sabe. El periodista no sólo se interesa por lo institucional, y además muestra todos los vicios e inmoralidades que se están produciendo y que merecen ser conocidas.
Esta actitud se materializa en tres corrientes periodísticas. Por un lado, hay que mencionar la suma de la llamada “prensa underground” (periodismo alternativo que nace con pocas posibilidades de financiación y que se centra en dar a conocer los aspectos más marginales de la realidad), y el periodismo contracultural (resultado de movimientos alternativos marcados por sexo y drogas). En segundo lugar, nace el periodismo comprometido y de participación, practicado, entre otros, por Normal Mailer. Aquí el propio periodista vive lo que está pasando y lo que cuenta. Por último, está el Periodismo de Investigación propiamente dicho, liderado por los nuevos “muckrakers”.
Estos periodistas apuestan por mantener una postura desafiante y escéptica ante las fuentes de poder. Están convencidos de que lo oficial no interesa, ya que hay otras fuentes de información y, además, el periodista puede convertirse en testigo directo de lo que va a comentar. Es un periodismo marginal, de denuncia, en el que el periodista debe buscar información en otro sitio ajeno a aquel en el que se difunden las noticias oficiales. Recogen el testigo de los “muckrakers”, recogen los aspectos más marginales de la sociedad. El periodista vuelve a coger las riendas de la investigación.
Entre estos reporteros está Ralph Nader, autor de uno de los pocos reportajes serios sobre la industria automovilística, uno de los pocos autores que se interesan por este tema. De hecho, su reportaje obligó a retirar algunos modelos de vehículos del mercado por los problemas de seguridad que planteaban. Otro de ellos fue Nicholas Cage, quien se dedicó a investigar sobre la importancia de la mafia en la promoción de Sinatra. Además, hay que mencionar a Jack Anderson (que analiza la tendencia pro paquistaní que el gobierno de Nixon desarrolló durante la guerra entre la India y Paquistán), Tom Hayden (que descubre actividades irregulares del Comité de Actividades Antiamericanas), David Burnham (que trata en sus trabajos la corrupción presente en el Departamento de la Policía de Nueva Cork) y Seymour Hersh, que acabó descubriendo atrocidades cometidas por el Ejército estadounidense en la guerra de Vietnam en un reportaje que le reportó un Premio Pulitzer. Fue un reportaje que costó mucho sacar a la luz, como recordaba el propio Hersh en una entrevista realizada por Deborah Campbell: “Nadie lo quería. Tuve que crear una agencia de noticias independiente y venderlo a los periódicos como una colaboración sindicada, explicando a todo el mundo que los derechos de autor eran nuestros, que había estado sujeto a consultoría jurídica y que nuestra era toda responsabilidad ante cualquier proceso judicial que pudieran instruir. O sea, fue horrible”.
Ciertamente, Seymour Hersh merece una atención especial en este tema por la importancia de sus investigaciones. Es conocido como “El periodista enemigo de la Casa Blanca”, y entre sus éxitos figuran haber destapado las torturas de la cárcel de Abu Ghraib o los esfuerzos de la CIA para derrocar al presidente chileno Salvador Allende. Al final de su carrera, Hersh se encuentra muy decepcionado con el periodismo que se practica en la actualidad. Así, en la entrevista mencionada anteriormente, se lamentaba de que “la prensa llamada seria haya pasado de largo ante la guerra contra Iraq y ante la actual Presidencia [se refería a la de Bush]. Pienso que cuando volvamos la vista atrás y observemos el momento actual, vamos a ser muy críticos con la prensa. Realmente, han fallado en uno de los grandes temas morales de nuestro tiempo, del mismo modo que fallaron en relación con Vietnam durante muchos años. Triste, muy triste”. También criticaba al que había sido su periódico, el New York Times, por “su
permanente manipulación de la guerra. Es bastante decepcionante. Después de todos esos años que estuve allí, me deja bastante boquiabierto que no hayan encontrado el modo de ser más críticos con Bush”, concluía.
Recientemente, Seymour Hersh acusó a la Administración Bush de haber amparado una “red ejecutora de asesinatos”, compuesto por grupos que viajaban a países como Afganistán o Líbano, y, sin comunicarse con el embajador o con el jefe de estación de la CIA en la Embajada, localizaba a las personas cuyos nombres llevaban en una lista, los ejecutaban y luego abandonaban el lugar.
El caso Watergate
El Caso Watergate constituye el ejemplo más manido de Periodismo de Investigación. Desde el 17 de junio de 1972 y hasta el 7 de agosto de 1974, día en que dimitió Nixon, el periódico The Washington Post publicó 227 artículos de los periodistas Bob Woordward y Carl Bernstein. Se inauguraba así un mito, el de la transparencia; una técnica, la del periodismo de investigación; y una moral, la del escándalo. El Watergate acabó con la carrera política de Nixon y, a partir de entonces, a los políticos se les exigió mayor transparencia en su gestión, lo que sin duda era un gran avance. La imagen del periodista de investigación cambia, ahora éstos aparecen como los verdaderos profesionales de la información. Esa nueva imagen va a encontrar presencia en la IRE (Investigative Reports and Editors). Se promulga la idea de que el periodismo debe ser vigilante de la democracia.
Sin embargo, treinta años después se ha sabido que el famoso informador que el Washington Post llamó Garganta Profunda era Mark Felt, un hombre del FBI que suministraba información obtenida ilegalmente y trabajaba por cuenta de sus jefes, quienes habían montado una conspiración desde arriba para derribar a Nixon. Muchos se preguntan si Watergate fue un buen trabajo de los periodistas o si éstos fueron meras marionetas en manos de un grupo de poder que hacía la guerra de Nixon.
Jesús Esquivel se decanta por esta segunda opción en un artículo titulado “Los motivos de Garganta Profunda”, en el que considera a Mike Felt como una fuente resentida que habló como una forma de vengarse de Nixon por no haberlo nombrado director del FBI, cargo que desempeñó en esos años L. Patrick Gray III, un comandante de un submarino en la Segunda Guerra Mundial, abogado, político menor del estado de Connecticut y subsecretario del Departamento de Justicia, por el que Felt sentía un gran desprecio, al considerarlo un espía de Nixon dedicado a destruir la reputación de Hoover [su antecesor] y la independencia del FBI con respecto al Departamento de Justicia y la Casa Blanca.
El periodismo de investigación fuera de Estados Unidos
Hasta ahora nos habíamos fijado exclusivamente en Estados Unidos porque en su condición de democracia consolidada era el primer país en el que empezaron a abrirse las primeras grietas en una democracia.
Saliendo de Estados Unidos, conviene fijarse en Alemania, donde el ya mencionado Günter Wallraff vendría a ser el equivalente germano de Seymour Hersh. Se formó en la Alemania oriental y cuenta con su propio portal de Internet con enlaces hacia entrevistas que se le han realizado a lo largo de su trayectoria.
Por otro lado, Alemania vio nacer, a raíz del final de la Segunda Guerra Mundial, a la revista Der Spiegel, que va a convertirse en importante arma de defensa de la democracia alemana. Nació en 1947, como publicación adscrita al bando aliado inglés. Posteriormente pasó a una editorial alemana, momento a partir del cual cambió su modo de trabajo. Al principio se empeñó en demostrar el alto grado de corruptibilidad de los políticos alemanes, por ejemplo, plasmado en decisiones compradas como la de conceder a Bonn, en detrimento de Berlín, la capitalidad de Alemania. Esta revista destapó otro caso aún más escandaloso que se saldó con la detención de algunos de sus periodistas. Todo venía motivado por el estudio que realizó esta publicación sobre la calidad del Ejército alemán tras la Segunda Guerra Mundial. El ministro de Defensa alemán se lo tomó como una afrenta personal y logró encarcelar a varios periodistas. Sin embargo, ante el masivo rechazo social, tuvo que liberarlos y dimitir por haber entorpecido el ejercicio de la libertad de expresión.
A pesar de eso, en la actualidad esta revista está en crisis. Es un periodismo que no genera beneficios y que paulatinamente va cambiando su línea editorial y de actuación. De esta crisis daba cuenta el diario El Mundo en una información publicada el 17 de enero de 2008 con el siguiente titular: “Dos directores para paliar la crisis de liderazgo del semanario Der Spiegel”. A pesar de todo, su tirada aún supera el millón de ejemplares, según esa noticia.
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